Amén!

febrero 18, 2017 § 6 comentarios

Mi primera experiencia musical fue en el coro del colegio: una monja llamada Mother Cecilia entró un día en clase con una guitarra española y nos hizo ponernos en pie para cantar una canción. Se fue acercando a cada una de nosotras y, seleccionando entre las clases y cursos, eligió a las niñas componentes del coro. Aún recuerdo el subidón que sentí al ser seleccionada, fue una de las mayores alegrías musicales de toda mi vida.

En el coro del colegio cantábamos canciones bastante guays ya que el centro era anglosajón y además de las clásicas españolas, cantábamos himnos  cristianos como Give me joy, sing Hosanna que son muy poderosos -más que el “Santo, santo” al menos-.
Me emocionaba bastante y sentía mucha fuerza al cantar todas juntas, especialmente cuando hacíamos canon. Cantar a canon llenaba de música mi cuerpo, en serio.

Cantar con otras personas es algo que desgraciadamente ya no hago jamás… Y es un poco triste… Quizá sea lo que más me gusta del mundo.

Un poco más tarde, en la iglesia de mi barrio había un grupo de chavales que tocaban y cantaban en misa. Se lo curraban mucho, con batería, bajo y toda la vaina; de hecho participaban en los festivales de Canción Misionera y llegaron a ganar la competición.
Yo hice la comunión y la catequesis ahí y, bueno, acabé presentándome al festival de la Canción Misionera en la categoría junior, con un grupo de niños que nos repartíamos los instrumentos a pares porque no sabíamos tocarlos solos. Yo tocaba una guitarra (sólo los trastes) con la ayuda de otra niña (que rasgaba las cuerdas). Fue la primera vez que me subí a un escenario y la primera vez que noté mi pierna temblar incontrolablemente como un flan.

Para el festival, nos llevaron a un estudio de grabación a grabar nuestra canción que posteriormente sería editada en casette. Aún la recuerdo, sólo tenía tres acordes y el estribillo decía “Es nuestro cuerpo, ser misioneros“.
Los estudios estaban en Deusto y el ingeniero, curiosamente, grabaría unos años más tarde el primer LP de mi primer grupo… Pero bueno, yo ahí todavía era una niña misionera, aunque ya empezaba a sentir al diablo en mi interior:)

La experiencia del estudio de grabación me marcó. Me pareció el mejor día de mi vida: ver crecer la canción, que quedase materializada, que luego tuviésemos una cinta… Increíble.

Pasé 11 años en ese colegio y pertenecí al coro durante mucho tiempo, hasta que fui mayor y empecé a fumar porros, dejarme rastas en los pelos de la nuca, llevar fotos de L7 en la carpeta y hacer otras mierdas.

Mi primer contacto colectivo y muy real con la música fue así, en este frenesí pseudo católico que circunstancialmente experimenté.
Siendo una niña, tenía mis cintas y discos de los Beach Boys, Mecano, La Bruja Novata, El Libro de la Selva, La Cenicienta Ye Yé… y los amaba. Pero esto supuso el descubrimiento de la piedra filosofal. Quise volver al estudio de grabación cuanto antes.

Supongo que la pureza, la inocencia o la magia que atribuyo a la música armoniosa y asexual están un poco relacionados con estas experiencias de mi niñez. Igual que la libertad visceral que siento al bailar canciones sexys.

Si alguien conserva una copia de la cinta “Es nuestro cuerpo, ser misioneros” le pago oro por ella 🙂

isicomunion

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