Max Weber

mayo 10, 2014 § 1 comentario

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Quebrantar la fuerza de la magia e impregnar la vida con el racionalismo sólo ha sido posible en todos los tiempos por un procedimiento: el de las grandes profecías racionales. Sin embargo, no toda profecía destruye el conjuro de la magia; es posible, no obstante, que un profeta, acreditado por el milagro y otros medios, quebrante las normas sagradas y tradicionales. Las profecías han roto el encanto mágico del mundo creando el fundamento para nuestra ciencia moderna, para la técnica y el capitalismo. En China faltan semejantes profecías. Cuando se encuentran, proceden del exterior, como ocurre con Lao-tsé y el taoísmo; en cambio, la India conoce una religión redentora. Existían, sin embargo, profecías ejemplares; el profeta típicamente indio, Buda por ejemplo, vive ciertamente la vida que conduce a la redención, pero no se considera como un enviado de Dios, sino como un ser que libremente desea su salvación. También puede renunciarse a la salvación, ya que no todos pueden, después de la muerte, penetrar en el nirvana, y sólo los filósofos en sentido estricto son capaces, por la aversión que este mundo les causa, de desaparecer de la vida en un acto de estoica decisión. La consecuencia fue que la profecía de la India sólo tuvo importancia directa para las clases intelectuales. Sus elementos integrantes fueron habitantes de las selvas y monjes menesterosos. Para la masa, la iniciación de una secta budista significó algo completamente distinto: concretamente, la posibilidad del culto a los santos. Este culto existió para unos santos tenidos por milagrosos, a los cuales se alimentaba bien, para que dieran en cambio garantía de una mejor reencarnación o concedieran riquezas, larga vida y cosas semejantes, es decir, bienes de este mundo. Así el budismo, en su forma pura, quedó limitado a una tenue capa monacal. El profano no encontró ninguna instrucción ética conforme a la cual pudiese orientar su vida; el budismo poseía ciertamente un decálogo, pero, a diferencia del judío, no contenía normas obligatorias, sino sólo recomendaciones. El acto más importante fue y siguió siendo el sustento físico de los monjes. Una religiosidad de este tipo nunca podía estar en condiciones de eliminar la magia, sino de sustituirla, a lo sumo, por otra.cropped-la-foto-1-2.jpg

En contraste con la religión ascética redentora de la India y su falta de eficacia sobre las masas, se hallan el judaísmo y el cristianismo, que desde el principio fueron religiones de plebeyos, y siguieron siéndolo, a través de los tiempos, por propia voluntad. La lucha de la Iglesia antigua contra los gnósticos no fue otra cosa sino la lucha contra la aristocracia de los intelectuales, tal como la conocen todas las religiones asiáticas, para impedir que se apoderasen de la dirección de la Iglesia. Esta lucha fue decisiva para el efecto de masas del cristianismo y a la vez para que la magia fuera desterrada en lo posible del corazón de las masas. Ciertamente, no fue posible superarla del todo hasta fechas muy cercanas a nosotros; pero fue relegada hasta la cohibición de algo antidivino y diabólico. El germen de esta posición opuesta a la magia lo encontramos ya en la ética del judaísmo primitivo. Guarda ciertos puntos de contacto con la ideología recogida en las colecciones de sentencias de los llamados textos proféticos de los egipcios. Pero las más razonables prescripciones de la época egipcia resultaban vanas cuando se consideraba suficiente colocar un escarabajo en la región cordial del muerto para que este pudiera engañar fácilmente al juez de los difuntos, pasando por alto los pecados cometidos, y hallando así más fácil acceso al paraíso. La ética judía no conoce semejantes subterfugios sofísticos, y lo mismo ocurre con el cristianismo. La comunión ha sublimado la magia hasta la categoría de sacramento, pero no ha procurado a sus creyentes ciertos medios y recursos que les permitan soslayar el juicio final, como ocurre con la religión egipcia. Si se quiere estudiar en resumen la influencia de una religión sobre la vida, precisa distinguir entre su teoría oficial y aquel tipo de conducta efectiva que, en realidad, y acaso contra su voluntad propia, otorga premios en este mundo o en el otro; también conviene distinguir, además, entre el virtuosismo religioso de los selectos y el de las masas. El virtuosismo religioso sólo tiene un valor ejemplar para la vida cotidiana; sus exigencias representan un desiderátum pero no son decisivas para la ética de cada día. La relación de ambas es distinta según las diferentes religiones. (…)

El despliegue de la mentalidad capitalista, Max Weber.

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§ Una respuesta a Max Weber

  • Allvoxman dice:

    Muy buenas notas nos canta aquí el amic Weber. Yo tengo entendido que el cristianismo que triunfó (el paulino) sí que incluye parte de esa “magia” (desconozco con base a qué ritos o formas se podría decir que el gnosticismo cristiano es más mágico que el paulino, sin embargo sí creo que es muchísimo más elitista, místico e intelectual, emparentado totalmente con la cultura griega) del gnosticismo y elementos “mágicos” (en cuanto a supersticioso/pagano) de las religiones mistéricas, como son precisamente la comunión (ingerimos el cuerpo del salvador para convertirnos en parte de él) y el bautismo (morimos con el salvador al sumergirnos y resucitamos con él al salir del agua), esto es, hacer lo mismo que hizo el salvador nos salva igualmente. Esto lo hacía una religión muy atractiva. También he de decir que según creo, este cristianismo triunfante lo hizo no por batallas dialécticas o físicas de la Iglesia (que por entonces no estaba del todo constituida), sino porque era el menos exigente, tan solo había que creer en Jesús mesías, frente a la cantidad de normas o capacidades que exigían los demás, y aportaba mucho más al individuo incluyendo seguridad social y otras protecciones para mujeres, niños, etc.
    Por otro lado creo que el encanto mágico del mundo al que se refiere Weber está más que nunca contenido entre líneas tras las leyes de la ciencia, que por mucho que estén descritas nadie sabe por qué son como son. Ciencia y misterio son perfectamente compatibles, eso lo sabía bien Newton, que mientras formulaba la ley de gravitación universal, el hito científico más importante hasta el momento, experimentaba febrilmente con un horno sus inquietudes alquímicas o invertía cientos de horas buscando mensajes mediante plantillas en una edición original de la Biblia. 🙂

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