junio 16, 2011 § 3 comentarios

Siempre que vengo a Bilbao a ver a mi familia, aprovecho a ir al Guggenheim,  que es una bilbainada que me flipa.

De entrada el edificio y el entorno me parecen geniales, disfrutas millones paseando por allí: paseando entre las palmeras que bordean la ría, metiéndote bajo la araña de Louise Bourgeois, mi antigua universidad y el puente pseudo-oriental, las tazas gigantes, la ría, los patos y los puentecitos del museo que echan fuego… No sé si es por ser bilbaína pero en esos aledaños gozo infinito.

Y dentro del museo he visto expos temporales preciosas. Ayer vi una que me moló bastante; pero mis dos favoritas, sin duda, han sido la de Anselm Kiefer y la de Henri Rousseau. Ambas me emocionaron y me llegaron muy dentro.

Anselm hace unas constelaciones con semillas que te ponen los pelos de punta.

Cuando salí de la expo de Rousseau me compré unas ceras y me puse en casa a dibujar al  perro de debajo del carro.

Ayer, entre otras cosas, me gustó mucho esto:

También había una instalación acojonante que consistía en un gran comedor con pieles de animales y un olor a vinacho que te embriagaba. Muy bonito!

Y se acabó mi visita, mañana otras 11 horas de tren de vuelta a Galizia.

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