De lo bello y de lo sublime

junio 1, 2011 § Deja un comentario

El sentimiento más delicado, que ahora queremos considerar, es, particularmente, de dos especies: el sentimiento de lo sublime y el de lo bello. La afección es agradable para ambos, pero de manera muy diferente. La vista de una montaña, cuyas cimas nevadas se yerguen por encima de las nubes, la descripción de una tormenta enfurecida, o la descripción del imperio infernal que hace Milton suscitan complacencia, pero con horror.
Por el contrario, el aspecto de un prado lleno de flores, valles con arroyos serpenteantes, cubiertos por rebaños pastando, la descripción del Elínus o el relato de Homero sobre el cinturón de Venus, originan también una sensación apacible, pero que es alegre y risueña. Para que la primera impresión tenga lugar en nosotros, con intensidad apropiada, hemos de tener un sentimiento de lo sublime y, para disfrutar convenientemente la última, un sentimiento para lo bello.
Las altas encinas y la sombra solitaria en el bosque sagrado son sublimes; las plantaciones de flores, setos bajos y árboles recortados, haciendo figuras, son bellos. La noche es sublime, el día es bello.

Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y de lo sublime, E. Kant.


The Zombies- Beechwood Park

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